Jirel de Joiry (Catherine L. Moore)

Cruzó un arroyuelo que se hablaba así mismo en la tiniebla con aquel extraño murmullo tan parecido a un lenguaje, y pocas zancadas más adelante se detuvo súbitamente al sentir temblar el suelo ante el atronador avance de unos cascos de animal que se aproximaban. Se quedó en silencio, escrutando ansiosamente la oscuridad.

Los seis relatos que componen el libro están protagonizados por Jirel de Joiry en la Francia medieval donde la hechicería y las batallas son el pan de cada día. La protagonista es bastante tridimensional, alejándose de los estereotipos de la época. Jirel es inteligente, orgullosa, vengativa pero también es capaz de sentir miedo, tristeza y remordimiento dejando ver su vulnerabilidad en ocasiones puntuales, lo que la lleva a realizar reflexiones que la espolean a sacar lo mejor de sí.

Por otra parte la construcción de mundos y la ambientación están muy bien logradas, la narración es rica en detalles y hechos sin ser soporífera, dejando claro que Moore poseía una vívida imaginación que sabía explotar al máximo, plasmando los elementos suficientes para imaginar los escenarios y sentir que estás allí junto a la Dama de Joiry acompañándola en sus peripecias, que no son pocas.

Así en cada uno de los relatos la veremos: sumergirse en mundos de pesadilla bajo las mazmorras de su castillo en «El beso del Dios Negro» y su continuación «La sombra del Dios Negro», atravesar ventanas mágicas que llevan a otras regiones y enfrentarse a una poderosa hechicera en «Jirel se topa con la magia», ser secuestrada por un ente de las tinieblas que la quiere como esposa para gobernar Romne en «La Tierra Tenebrosa», aventurarse a buscar un tesoro custodiado por un fantasma muerto hace 200 años en «La infernal guarda» y luchar con un brujo por un amuleto mágico en «En busca de la Piedra de la Estrella» personalmente éste último me parece el relato más flojo. Jirel se desdibuja y toda la atención recae en Northwest Smith (otro personaje de la autora que puebla sus relatos de ciencia ficción y aquí realiza un crossover) rezuma testosterona por todos lados, incluso en los diálogos, sumamente despectivos y estereotipados, y todo lo que se construyó en las anteriores historias se desploma, es más el final ni siquiera termina con la heroína como venía siendo costumbre sino con el aventurero espacial (¡!)

Por otra parte a lo largo de cada relato (excepto el último) se hará énfasis en la roja cabellera, ojos dorados y belleza del personaje. Y muchas veces incluso en el mismo relato. Pero la autora no era ninguna ingenua, sabía muy bien quiénes eran los lectores de la revista donde se publicaba la historia (la afamada Weird Tales) Mucho me temo que el público femenino de la época no era consumidor de dichas publicaciones y si para vender tenía que plegarse a resaltar cada que tenía oportunidad los atributos físicos de la protagonista pues se le perdona.

Por lo tanto exceptuando estos detalles mencionados es un libro muy ameno de leer con muchas dosis de aventura, acción y suspenso. Dato no menor es que Jirel fue el primer personaje femenino en encabezar una saga fantástica de hechicería y bastante bien logrado. Ahora me queda la duda existencial ¿por qué todas las protagonistas guerreras/ patea traseros son pelirrojas? Si alguien lo sabe o tiene una teoría al respecto le agradecería que lo deje en comentarios.

Fanart de Pinterest, en mi opinión retrata muy bien al personaje.

A pesar de su temeridad, casi hubiera deseado encontrarse en las tan traídas y llevadas ardientes estancias del Infierno, porque aquella tierra amable e iluminada por las estrellas la desconcertaba y le hacía estar más al acecho. Las cosas que habían construido el túnel no podían ser humanas.

Una profesional ejemplar (Juan Gómez-Pintado)

Ve, tras los ventanales, una mariposa negra que alza el vuelo a su paso antes de fundirse con la oscuridad de la noche.

Segunda novela del autor de Fuera hace frío (Juan Gómez-Pintado) que tiene su reseña en el blog, al igual que ocurre con la anterior en esta historia cada capítulo alterna entre el punto de vista de los dos protagonistas: Gema y Ramón.

Aquí nos encontramos en la ciudad de Madrid azotada por una ola de calor, en la que transcurre toda la acción. Y es este clima bochornoso el que transmite con mucho acierto la irritación, el cansancio, estrés, la tensión y la violencia reprimida a duras penas que se percibe en el ambiente y emana de los personajes.

Con un ritmo ágil se presenta ante el lector una trama en la que se dan cita la crisis económica, la precariedad y explotación laboral, los juegos de poder, lo que es capaz de comprar el dinero, la desesperación, la ansiedad. Constantemente al borde del colapso mental te mueves en un escenario frágil en el que esperas que en cualquier momento estalle la bomba. Y vaya que lo hace. Sus consecuencias serán nefastas para algunos y beneficiosas para otros.

Quiero destacar que esta vez los personajes femeninos tienen mucho peso y relevancia, atrás quedaron las damiselas en peligro. Estas mujeres tienen carácter y no son perfectas, tienen aristas y sorprenden hasta el final.

Hay un guiño a los personajes de la novela anterior y tenemos la participación de nuestro incompetente Inspector Mayo (señor ¿no sabe que hay que desconfiar de escenas del crimen tan predecibles y pulcras? ¡Novato!)

En esta ocasión quienes cumplen la función de guía son las mariposas (no voy a mentir extrañé a los gatos, pero c’est la vie). A su vez se hace mención a la mantis y la tarántula, ambos nombres de dos empresas. Y es importante que se analice desde su parte simbólica. Sumado a esto en la novela se encuentran toques sobrenaturales, recurso que es utilizado hábilmente a lo largo de la trama, llevando a cuestionar sucesos.

A pesar de no ser un libro extenso cada elemento está bien estudiado y abre puertas a la reflexión, porque esta es una obra de ficción pero los sucesos narrados y los temas tratados son muy reales. Cada personaje toma decisiones y defiende sus principios, a un precio muy alto ya lo dijo Dickens en «Historia de dos ciudades»:

Era el mejor de los tiempos, era el peor de los tiempos, la edad de la sabiduría, y también de la locura; la época de las creencias y de la incredulidad; la era de la luz y de las tinieblas; la primavera de la esperanza y el invierno de la desesperación.
Todo lo poseíamos, pero no teníamos nada; caminábamos en derechura al cielo y nos extraviábamos por el camino opuesto.