Ojos abiertos

Había visto la muerte desde su infancia, por ello era muy consciente de su mortalidad. Entonces, como sabía esto, había perdido el miedo a vivir e hizo las cosas más arriesgadas.

Se podría pensar que fue imprudente y puso en peligro su vida o la de los demás, pero eso solo lo hace la gente que se cree inmortal. Lo suyo fue más difícil, pronunció a lo largo de su existencia las siguientes palabras: no, perdón, gracias, te aprecio.

Un día en el puente, mirando el atardecer, se percató que había venido a buscarle…se alegró de no tener remordimientos ni arrepentirse de nada y la saludó: “Ha pasado tiempo, bienvenida”

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SUEÑO DE ENERO

Los muertos no deben confiar en los humanos, porque estos no son de fiar. Te prestaré una linterna para que te adentres en los lugares oscuros de tu alma. No temas a las sombras y al dolor ¡Mírate de frente! No rehúyas la mirada.