Suspiro

Pues sí, continúan mis versos libres o poemas (ya que cuento con la bendición de algunos lectores para llamarlos así: ¡el pueblo ha hablado!)

El mundo está torcido en los bordes,

el suspiro del gigante acabó con su color.

La última pieza del rompecabezas

la custodia la locura.

¡Canta, oh dulce noche!

¡Dime los secretos del inframundo!

¡Revela las penas de los inmortales

y de los mortales!

¿Hades aún suspira por Perséfone?

¿El alma del Minotauro aún custodia

el laberinto?

¿El escritor sonámbulo

aún escribe bajo tu manto?

Anuncios

ABREVIADO: Éramos unos niños/Canciones de amor a quemarropa

¡Oh tú, con bucles húmedos de rocío, que miras
A través de las claras ventanas de la mañana, vuelve
Tus ojos angélicos hacia nuestra isla occidental,
Que está llena de coros saludando tu arribo, oh Primavera! (A la Primavera-William Blake)

¡Feliz primavera y feliz otoño para los del otro lado del charco!, asique para celebrar una de mis estaciones favoritas (a pesar de la alergia) esta entrada de abreviados va para dos lecturas que transmiten ese optimismo y alegría primaveral, donde la amistad ocupa un lugar fundamental. Subo el telón y doy paso a la función:

ÉRAMOS UNOS NIÑOS (Patti Smith)

“Teníamos nuestro trabajo y nos teníamos el uno al otro. Carecíamos de dinero para ir a conciertos o al cine o para comprar discos nuevos, pero poníamos lo que teníamos hasta la saciedad”

La poetisa del punk escribe sus memorias en los caóticos años 60/70. Su amistad entrañable con Robert Mapplethorpe, sus sueños de convertirse en poeta, sus recuerdos de infancia, sus dificultades, los músicos que conoció, sus primeros pasos en el escenario. Eramos unos niños

Patti no cae en la auto-compasión ni la nostalgia. Sino que con alegría, inocencia, toques de humor y una sutil melancolía va desmadejando sus recuerdos de manera sensible y evocadora.

Ve belleza donde otros no la verían, no juzga;  y percibe la verdadera naturaleza de las cosas y las personas. Invitando al lector a ser parte de ese momento, establece una complicidad. Como si lo que contara fuera para un querido y viejo amigo.

Una lectura amena que deja con una sensación de optimismo y esperanza, perfecta para quienes disfrutan de las biografías y el arte en general. Y si la fotografía y la poesía son una de ellas pues están de suerte.

“Cuando cumplí 21 años, Robert me hizo una pandereta (…) se arrodilló y me entregó un librito sobre tarot que había reencuadernado en seda negra. Dentro, me dedicaba unos versos que nos representaban como a la gitana y el loco, donde uno creaba silencio y el otro escuchaba el silencio con atención. En la ruidosa vorágine de nuestras vidas, aquellos papeles se invertirían muchas veces”

 

CANCIONES DE AMOR A QUEMARROPA (Nickolas Butler)

“Deja la puerta de casa abierta en la gran ciudad, y te despertarás sin muebles ni ropa. Deja la puerta abierta aquí, y aparecerá un coyote esperando a que le des algo de comer. Esta es mi casa. Este es el lugar en el que primero creyeron en mí. En el que todavía creen en mí. Este es el lugar que dio a luz las canciones de ese primer disco”

Creo que es el libro perfecto para tratar de explicar la vida en los pueblos rurales, esos lugares donde no pasa NADA pero a su vez está pasando TODO. Caciones de amor a quemarropa

Nickolas Bulter sabe bien de lo que habla, y comparte sus vivencias y sensaciones de vivir en un medio rural de la mano de cinco personajes: Henry, Lee, Kip, Ronny Beth. Que comparten una amistad de años y una infancia común en Little Wing. La vida los llevará por distintos caminos, hasta que un suceso los vuelve a reunir y salen a la luz algunos asuntos del pasado.

Una novela con personajes cercanos y realistas, de música, amistad, naturaleza y de esos pequeños momentos que son los más importantes.

El libro de la almohada (Sei Shōnagon)

 La Emperatriz me dijo:

– ¿Por qué tan callada? Di algo, estoy triste cuando no hablas.

Repliqué:

– Contemplando la luna de otoño.

La Emperatriz dijo:

– Ah sí, dices lo que debes decir.

   

  Sei Shōnagon fue una Dama de Honor de la Emperatriz Sadako, en el siglo X, durante el Período Heian. Su diario (que se denominaban de almohada porque se guardaban en los cajones de las almohadas de madera) está plagado de variados detalles sobre el día a día en la corte.El libro de la almohada

 Desde listas de cosas: agradables, desagradables, vergonzosas, que provocan asombro, etc. Hasta episodios ocurridos en el palacio, poemas, costumbres, modales, protocolos, festividades.

   Con una prosa elegante, sencilla y poética, la autora nos introduce en un mundo de introspección, observación y recogimiento espiritual (cuando leo literatura japonesa termino relajándome) En donde el lector nota su gran capacidad de observación y atención a los pequeños detalles: abanicos, ropa, paisajes, papel.

   También se refleja su carácter, una mujer muy lista y culta que no le gustaba que le hicieran perder el tiempo, altiva y desdeñosa con las clases sociales de rango inferior (aunque no cruel). Y a su vez, alguien que conserva la inocencia y se maravilla con las pequeñas cosas:

“En los cercos de bambú y en los bordes entrecruzados vi jirones de telaraña y donde se habían roto los hilos vi pendientes gotas de lluvia que parecían cuentas de perlas blancas (…)Al aumentar la luz del día, el rocío fue desapareciendo del trébol y de las otras plantas donde antes abundaba; las ramas se agitaron y luego se elevaron a un tiempo como si se hubieran puesto de acuerdo. Luego conté a la gente lo bello que había sido todo eso. Lo que más me impresionó fue que nadie se impresionara.” (50. Recuerdo una mañana clara)

Sei Shonagon
Sei Shōnagon

  Ha sido un maravilloso viaje entre kimonos susurrantes, jardines y estanques, reflexiones, poesía, y tranquilidad por uno de los períodos más florecientes de la cultura japonesa. Si gustan del país del sol naciente, los invito a leer este libro. Como aliciente les cuento que los mininos eran muy respetados y venerados, tanto así que algunos alcanzaban el grado de nobles (Mandy lo sabe, y por eso se comporta como una emperatriz…ahora todo me queda claro)