El espíritu de la colmena

  • Director: Víctor Erice
  • Año: 1973
  • País: España
  • Género: Drama

La historia está situada en el año 1940 en un lugar de la meseta castellana. Gente triste y atribulada por la guerra espera noticias de los suyos que partieron y no han vuelto a ver. En un clima de melancolía y expectación llega al pueblo polvoriento ,donde transcurre la historia, la película «Frankenstein» niños, adultos y ancianos todos por igual disfrutan del film y olvidan por unas horas su realidad. La película impacta de manera significativa en Ana una pequeña que, desde ese momento, buscará al espíritu del que le habló su hermana.

El film está atravesado por la ausencia y la tristeza de los adultos con sus iconos religiosos, sus cartas que no llegan a destino, álbumes de fotos y recuerdos en contraste con la imaginación y la mirada infantil que contempla al mundo desde otro punto, donde hasta el más pequeño detalle tiene su valor.

El misterio, el drama y los elementos singulares hacen de este film algo enigmático, con varias interpretaciones que no deja indiferente al espectador. Su esencia me recordó a la película de Guillermo del Toro «El laberinto del fauno» (me preguntó si el director mexicano se inspiró en esta obra para crear la suya o sólo soy yo uniendo puntos, en fin) Las actuaciones son maravillosas y logran un equilibrio perfecto transmitiendo más con los silencios y las miradas que con las palabras. Tenía tiempo de no ver una película con estas características, ha valido mucho la pena y espero no sea la última del director que pase por aquí. Que además regala una reflexión a mi parecer fantástica muy propia de una novela gótica o sobrenatural.

«Alguien a quien yo enseñaba últimamente en mi colmena de cristal el movimiento de esa rueda tan visible como la rueda principal de un reloj.

Alguien que veía a las claras la agitación innumerable de los panales, el zarandeo perpetuo, enigmático y loco de las nodrizas sobre la cuna de la nidada. Los puentes y escaleras animados que forman las cereras, espirales invasoras de la reina. La actividad diversa e incesante de la multitud, el esfuerzo despiadado e inútil. Las idas y venidas con un ardor febril. El sueño ignorado fuera de las cunas, que ya acecha el trabajo de mañana. El reposo mismo de la muerte, alejado de una residencia que no admite enfermos ni tumbas.

Alguien que miraba esas cosas, una vez pasado el asombro, no tardó en apartar la vista en la que se leía no se que triste espanto.»