Fragmento#10 (Relectura)

21 de marzo

Ordenando mis papeles encontré la primer nota que nos dejó antes de marcharse, a mí me gusta pensar que fue su primera carta…la primera de muchas, la que inició su carrera como escritora, como nos gusta decir a la abuela y a mí. Asique fui hasta la cocina, me senté a la mesa e interrumpí a mi abuela a la mitad de la resolución de un crucigrama.

«Tomé la tiza y dibujé mi propio sol porque me aburrí de los días grises de mi alma. Hice la maleta y me fui para desafiar al miedo y demostrarle que podía hacerlo sola. Me llevé la foto donde aparecen las dos para que me acompañen a todos los lugares a los que iré. Ceibo, quiero que sepas que no hay un para siempre, existe un hasta pronto».

Cuando finalicé la abuela tenía una sonrisa de orgullo en el rostro y los ojos un poco húmedos, entonces me dijo:

-Vamos a escribirle.

En la mesa

Ordenando cajas encuentra una foto de su madre, mientras la contempla acude a ella un recuerdo.

Su hermana mayor no almorzaba con ellas, lo hacía más tarde al volver del trabajo, cuando llegaba su madre se levantaba de la siesta se sentaba a la mesa y la acompañaba. Nunca fue una persona de expresar verbalmente su cariño, al contrario lo demostraba con sus actitudes.

Vuelve a guardar la foto en la caja y reflexiona que al final somos recordados por esas pequeñas acciones tan significativas.