Fragmento#10 (Relectura)

21 de marzo

Ordenando mis papeles encontré la primer nota que nos dejó antes de marcharse, a mí me gusta pensar que fue su primera carta…la primera de muchas, la que inició su carrera como escritora, como nos gusta decir a la abuela y a mí. Asique fui hasta la cocina, me senté a la mesa e interrumpí a mi abuela a la mitad de la resolución de un crucigrama.

«Tomé la tiza y dibujé mi propio sol porque me aburrí de los días grises de mi alma. Hice la maleta y me fui para desafiar al miedo y demostrarle que podía hacerlo sola. Me llevé la foto donde aparecen las dos para que me acompañen a todos los lugares a los que iré. Ceibo, quiero que sepas que no hay un para siempre, existe un hasta pronto».

Cuando finalicé la abuela tenía una sonrisa de orgullo en el rostro y los ojos un poco húmedos, entonces me dijo:

-Vamos a escribirle.

Mariposa

La mariposa de fuego voló hacia el cielo.

La anciana que vive en el quinto vagón del tren abandonado la vio desde su puerta y le dijo adiós con la mano.

Los niños que juegan a orillas del río la vieron pasar de un tono ceniza a un rojo vivo.

La joven sentada en el banco de la plaza la vio pasar frente a sus ojos y desprender chispas.

La mujer que no había vuelto a sacar las manos de los bolsillos vio como describía círculos y se aproximaba cada vez más al sol.

Los poetas reunidos bajo el puente comenzaron a componer versos.

Bloqueo

En la habitación verde esmeralda, la espalda contra la pared. Las aspas del ventilador girando, el aburrimiento que se adhiere a su mente. Una página en blanco, un zumbido. Bloqueo y apatía. ¿Qué habrá del otro lado de la ventana tapiada? Alimenta su imaginación con pequeños momentos cotidianos de realidad. Por unos instantes acalla las voces de la radio y la televisión, dosifica el veneno que contamina su ánimo.

Veneno, ruido de fondo, bloqueo…las aspas del ventilador siguen girando.

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Me pregunto cuánto puede durar una crisis lectora y el abandono provisorio de pasatiempos o el agotamiento en general. No es gran cosa pero es mi primer escrito en mucho tiempo y está basado en hechos reales de forma metafórica ( o como dicen «100 % real no fake» ohhh no pensé que utilizaría esta frase, vaya) Si leíste esto, gracias y por favor no subestimes al estrés.

El reto de Animepsy/Encadenando palabras

  Hace unos días, Animepsy escribió esta entrada: «De creaciones y mundos, el arte de la construcción de la fantasía» les recomiendo muy encarecidamente que la lean, no se arrepentirán ¡promesa! Y al final de su análisis preguntaba a los lectores si habían escrito algo últimamente, el caso es que este interrogante no quedó ahí sino que solicitó que algunas personas compartieran un escrito. Y me di con la sorpresa de estar en la lista (ahh, lo que es la fama) Bien señor Animepsy sus deseos son órdenes:

Ingredientes para un día perfecto 

  • Una campanilla roja en el fondo de una taza de té.
  • Poemas escritos en las hojas secas.
  • Nubes con forma de dragones y focas.
  • Sinfonías del viento entre los árboles.
  • Sombras ondulantes guardadas en frascos de mermelada.
  • Llovizna en un día soleado.
  • Cielos intensamente azules.
  • Arco iris después de una tormenta especialmente violenta.

   Así se obtiene un día perfecto. Que será imperfecto, no todo puede salirte bien en el día. Muchos empiezan bien y empeoran al pasar las horas. Pero si por cada día encuentras algo con lo que asombrarte, reír o soñar se volverá más luminoso. Aunque dure tan sólo un suspiro, contemplaste la magia de las pequeñas cosas. En ese instante eres el humano más afortunado del mundo. ¿No es maravilloso? Dicho esto… se fue…danzando entre la hierba, con su cabello verde refulgiendo al sol y sus pies de ramita marcando el ritmo.

 

El sueño de los árboles

  Vagabundeó por un sendero polvoriento, cansada y triste, sumida en sus pensamientos. En eso percibió una voces infantiles. El asombro hizo a Kimey detenerse: ¡Imposible!-pensó- debo estar soñando. En respuesta se escuchó un coro de risas, la joven no salía de su asombro, apretó el paso y llegó hasta una parte en la que el camino se bifurcaba. Las risas, que aún resonaban, parecían provenir de la izquierda y, decidió tomar esa dirección. Guiada por las voces invisibles recordó cuando los niños desaparecieron del mundo.

   Siete años atrás, sin razón aparente los niños y niñas de todo el mundo enfermaron. Aunque no era esa la expresión, más bien fueron presa de una agonía insoportable: lloraban, gritaban y se retorcían de dolor. La gente estaba desesperada, sin saber que hacer. Esta «maldición», como comenzaron a llamarla, se extendía desde los recién nacidos hasta la edad de 11 años, sin distinción de raza, credo o posición social. Esto duró seis meses, hasta que una mañana al despertar, los adultos y jóvenes descubrieron que sus hijos, nietos, sobrinos, y hermanos habían desaparecido, esfumándose sin dejar rastro. Kimey aún recordaba, con pesar y amargura, ese día en que había despertado sobresaltada y, presa de un mal presentimiento se dirigió a la habitación de su pequeña hermana para encontrar su cama vacía.

  En todo esto iba cavilando la joven cuando las  voces se convirtieron en apenas un susurro, había llegado a un monte. Se internó entre los árboles y arbustos aguzando el oído. Pero las voces habían cesado, en su lugar se oían unas suaves pisadas en la hierba. Frente a ella apareció una pareja de ancianos tomados de las manos, quienes al verla le sonrieron con dulzura. Bastó un cruce de miradas para que ella supiera que eran las personas por las que había emprendido su viaje. Cuando su hermana desapareció, a su tribu llegó el rumor de que los indígenas de la región vecina sabían lo que había sucedido con los niños y niñas.  Deseaba averiguar la verdad y decidió iniciar su marcha hacia las tierras vecinas.

  Los ancianos la condujeron al interior del monte, donde se encontraba el resto de la comunidad. Comió y bebió junto a ellos y por la noche durmió cobijada por la luz de la luna, bajo un árbol al igual que el resto del pueblo. A la mañana siguiente vio como toda la tribu le daba los buenos días a cada árbol y les agradecía su protección. En ese instante volvió a escuchar las voces, al percatarse de su turbación la anciana la invitó a dar un paseo con ella. Por el camino le preguntó:

-¿Recuerdas lo que pasó hace 7 años?

-Sí -dijo la muchacha- tenía 18 años, lo recuerdo perfectamente.

-¿Sabes por qué sufrían las niñas y niños?

-No, por eso he venido a ustedes.

-Experimentaban el sufrimiento de los árboles al ser talados. Cuando desaparecieron fue porque escucharon su llamado.

-¿Cómo lo descubrieron?

-Todos los miembros de la tribu tuvimos un sueño, el sueño de los árboles. En el mismo se nos reveló que para protegerse de la crueldad humana, habían tomado la decisión de volverse uno con nuestra descendencia. De esta manera no podrían ser dañados nunca más, quizás oíste que los leñadores no pudieron volver a talar ningún árbol y que las fábricas madereras debieron cerrar a raíz de este suceso.

Kimey asintió, por el camino había escuchado conversaciones sobre el asunto. A pesar del tiempo transcurrido las personas aún hablaban de ello con incredulidad, de cómo los leñadores inexplicablemente no podían talar más árboles, pues se perdían en el camino, pasaban días vagando en círculos hasta que volvían a su hogar. Y que a causa de esto habían tenido que buscar alternativas a la falta de madera. Su pueblo, al vivir en una zona árida, no había presenciado nada de esto último por lo que le restó importancia.

La anciana prosiguió:

-Al despertar empezamos a oír las voces de nuestros niños. Como tú las oyes ahora. Sólo quienes son presas del odio y la maldad no  pueden hacerlo.

-¿Es decir que la naturaleza tomó conciencia del mal que le hemos hecho y nos castigó?

-No lo sé, quizá sí. Pero como una madre, luego de reñir a sus hijos por hacer algo indebido, nos perdona. O eso me gusta pensar, que por cada decepción y sufrimiento ella aún tiende sus brazos y nos resguarda. Lo ha hecho con ellos- dijo señalando los árboles-mis nietos viven en ella, no los destruyó. Porque nada se destruye, todo se transforma. Eramos orgullosos. Nos creíamos invencibles, con su accionar la Madre Tierra nos ha dado una lección de humildad.

  Kimey permaneció callada y junto a la anciana se limitó a escuchar la lengua secreta de los árboles en donde se mezclaban algunas risas, llevando el viento sus mensajes al resto de los árboles del mundo.

 

 

 

La forma en la que eres

  Sólo tú sabes lo que quieres hacer con tu vida, los golpes que te has dado, las desilusiones que has sufrido, las risas que has compartido. El dolor que has sentido, la ilusión y la alegría que has experimentado.

  Y ese camino que se extiende ante tus pies serpenteante, que te llena de emoción poder transitar, el que tú elegiste es tuyo. Aunque los demás digan que estás equivocado, se burlen de ti, te critiquen, cuestionen o no lo comprendan. Ve, camina-corre-vuela construye tus puentes. Es tu momento, y la única persona que sabe que es lo correcto para ti eres tú. La forma en la que eres está bien, sigue adelante. Te deseo lo mejor hoy y siempre.