Mariposa

La mariposa de fuego voló hacia el cielo.

La anciana que vive en el quinto vagón del tren abandonado la vio desde su puerta y le dijo adiós con la mano.

Los niños que juegan a orillas del río la vieron pasar de un tono ceniza a un rojo vivo.

La joven sentada en el banco de la plaza la vio pasar frente a sus ojos y desprender chispas.

La mujer que no había vuelto a sacar las manos de los bolsillos vio como describía círculos y se aproximaba cada vez más al sol.

Los poetas reunidos bajo el puente comenzaron a componer versos.

Bolsillos

La niña siempre se para en el andén con las manos en los bolsillos de su campera, al llegar la gente escruta los rostros. Muy silenciosamente se acerca a aquellos que muestran cansancio, irritación, preocupación, tristeza. Las personas nunca la ven, tan ensimismadas están con sus problemas. Lentamente saca de sus bolsillos sentimientos de alegría, se para en puntas de pie y los sopla en el rostro de cada persona. Se da la vuelta y sube al último vagón hacia otra estación.