¿Con cuántos puntos calificarías tu vida?

Sé que todo el pueblo la tiene como una vieja amargada y cascarrabias pero siempre le estaré muy agradecida por todo lo que me enseñó, por abrir su casa, porque la biblioteca es su casa, y permitirme realizar las prácticas aquí. Cada estante cuenta una historia, su historia. Ella puso su corazón en esto. Podría decirte que esta biblioteca es su alma. No hay un sistema de calificación que alcance para expresar lo agradecida que estoy con ella. ¿5 estrellas? ¿100 puntos? ¿un diez? Es poco. Hay cosas en la vida que no se pueden puntuar, por eso, más allá de ésta calificación que tienes ahora, piensa y quédate con el sentimiento de haberte desafiado a ti mismo y superado. No por unos números, sino por ti.

Ambos dirigieron la mirada hacia el tablón de corcho en donde dos exámenes se encontraban pegados uno al lado del otro, uno estaba calificado con un 4 y el otro con un 10, pero el sentimiento de satisfacción, de todas esas horas aprendiendo, investigando, guiando el estudio, dando ánimo no se podía calificar.

El libro rojo

El asunto fue así: Seshat prestó un libro con toda la buena intención y la persona en cuestión con quién había compartido muchas lecturas y recomendaciones  (se negó a decir quién era para de alguna manera preservarla en el anonimato) le informó, sin asomo de vergüenza, que se lo había prestado a su prima que fue de visita porque «Quiero que lea». «Y eso está muy bien-pensó ella- pero podrías haber prestado uno de tus libros no el mío. Y mucho menos a alguien que no conozco y que vive en la otra ciudad».

Así es como había perdido para siempre una de sus novelas favoritas. Ese día fue a la biblioteca a ahogar sus penas (gente rara estos lectores) y al contarle a la bibliotecaria su pérdida, la señora sacó del cajón del escritorio una tarjeta y se la extendió diciendo: -Son infalibles.

En la tarjeta se leía: O.B.A /contactarse al: 0222-5151. 

Guardó la tarjeta en su bolsillo y volvió a su casa pensando qué mosca le habría picado a la bibliotecaria pero el asunto la intrigaba mucho asique decidió llamar.

Hola, se ha comunicado con O.B.A: Organización de Bibliotecarias y Bibliotecarios Anónimos. Si ha perdido un libro en un lugar público presione 1, si ha prestado un libro y no se lo han devuelto presione 2. Si le devolvieron el libro roto o subrayado presione 3.

Presionó el número correspondiente.

A las dos semanas Seshat recibió un paquete en donde estaba su muy querido libro y una carta de la persona a quién se lo había prestado.

En la carta, le contaba una historia de lo más extraña: que había recibido por correo un libro rojo y en sus páginas, en letras mayúsculas, se repetía una única palabra: DEUDOR. El remitente era una extraña sigla: O.B.A. Creyendo que se trataba de alguna broma dejó el libro en su habitación y no prestó más atención al asunto. Pero en los días siguientes comenzaron a desaparecer sus libros favoritos así como otros objetos que le eran imprescindibles en el momento y al buscarlos no podía dar con ellos. Además, el extraño libro aparecía en los lugares más insospechados: en el pasillo, la cocina, arriba de su cama, ¡incluso en el baño! Siempre abierto en donde destacaba esa única palabra: DEUDOR. Ya no sabía que hacer, cuando de pronto, casi de manera misteriosa, recordó el libro que había pedido prestado y que a su vez había prestado a su prima. Entonces supo lo que tenía que hacer. Cual fue su sorpresa, al llegar a casa de su prima y encontrarse con una situación idéntica a la suya. En ese momento decidieron enviar su libro por correo.

Seshat sonrió al leer todo esto y apretó el libro con más fuerza, la carta culminaba con un pedido de disculpas, además de señalar que no bien su novela fue despachada el extraño libro rojo desapareció y sus pertenencias reaparecieron.

Decidió compartir esta historia conmigo y me dio permiso para compartirla. Para que otros lectores puedan recuperar sus libros o quiénes no los han devuelto tengan cuidado, nunca saben cuando puede llegar a su casa un paquete enviado por O.B.A


NOTA: El nombre fue tomado de la diosa de la mitología egipcia Seshat, llamada «señora de los libros y «señora de la escritura».