Fragmento #02 (Brujas)

26 de Enero

De alguna manera nos las arreglamos para caber todos en la casa. Doce personas codo a codo en la mesa circular de la cocina.

La abuela estaba tranquila, escuchando pacientemente a las géminis y mirando discretamente el reloj. Estaban contando que la vecina les había regalado pescado, pues su hijo se había ido de pesca y eran tantos que decidió compartirlos. Así ellos habían comido una “cena exquisita” gracias a la generosidad de la señora Narciso (la vecina)

Por otro lado sus nietos más pequeños se atiborraban de la torta de manzanas, que la abuela y yo habíamos preparado la noche anterior, en tanto que sus hermanos  mayores competían para ver quién ponía la cara de más aburrimiento. Mientras sus padres observaban la casa con curiosidad y ojo crítico mal disimulados.

Yo por mi parte me preguntaba el por qué de su visita, eran familiares por parte del abuelo, las géminis eran sus hermanas. Y jamás habían querido a la abuela, siempre la habían menospreciado. Sin embargo ahí estaban, sentadas a la mesa de la cocina muy sonrientes. La última vez que había escuchado de ellas fue diez años atrás cuando se las llamó para el funeral del abuelo y contestaron que su muerte era culpa de la bruja de su esposa, que le había echado un maleficio.

Observaba a la abuela con admiración por su entereza y con preocupación al resto de la parentela, lista para intervenir si era necesario. La noche anterior me había dicho:

-No guardes rencor, no nos van a ver caer. No les voy a dar el gusto…Ceibo, estás poniendo mucho azúcar.

Sucedió al mediodía, de repente nueve de los diez parientes empezaron a sentirse mal: empalidecieron y comenzaron a quejarse de dolor de estómago. Se retorcían y hacían muecas. Fui en busca de la guía telefónica y llamé al hospital, mientras la abuela trataba de tranquilizarlos. El hijo de una de las géminis (él único que se encontraba bien) decidió que llevaría a todos al hospital porque al vivir nosotras a 20 km del pueblo las ambulancias tardarían en llegar. Mientras subían a la camioneta, las géminis se giraron y al unísono nos gritaron:

-¡Brujas! ¡brujas! Nos envenenaron, ¡esa torta estaba envenenada!

Mientras los demás subían presurosos lanzándonos miradas de recelo.

-Mmmm, bueno no creo que vuelvan de visita hasta que pasen otros 10 años.

-No-dijo la abuela- y para ese entonces nos habremos ido volando en nuestras escobas.

Dos días después, nos enteramos por el doctor de que habían sufrido una intoxicación por la ingesta de pescado en mal estado. La cena que habían tenido gracias a la Señora Narciso.  La “bruja” estaba más cerca de lo que las géminis habían pensado.

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Autor: Coremi

Vivo mirando el cielo deseando ser un ave y volar a lugares remotos. Me encanta leer, divagar, ver películas y anime. Estoy convencida de que los insectos dominarán el mundo.

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